20 DE MAYO: LA MAREA INDIGNADA VUELVE A INUNDAR EL CENTRO DE MÁLAGA

Si el pasado 15 de mayo el centro de Málaga se vio tomado por miles de manifestantes que sobrepasaron las expectativas más optimistas, la jornada de este 20 de mayo ha vuelto a dejar cortas todas las previsiones.

A las 21:30h., momento en el que escribimos este texto, miles de personas forman parte de una asamblea que ha inundado la Plaza de la Constitución y donde tiene previsto acampar toda la noche, como viene sucediendo en las jornadas anteriores. Dos horas antes, esa misma muchedumbre recorría el centro histórico para expresar su más contundente rechazo al sistema político actual.

El movimiento 15-M ha alcanzado, en el breve plazo de unos días, una madurez política que ha desbordado los obsoletos análisis de la izquierda tradicional, por no hablar de la partidista, y que por fin ha hecho realidad el sueño de los grupos autónomos de la ciudad: permanecer en la retaguardia.

Lo que hemos presenciado estos días, lo que en estos momentos contemplamos todas y todos arrobados en la Plaza de la Constitución es la fuerza y el deseo de la multitud, es la potencia de la cooperación una vez que ha estallado la rabia contenida. El dique que contenía esa rabia no era otro que el de las estructuras partidistas, sindicales o universitarias incapaces de canalizar el descontento de una generación que se encuentra un país sin futuro. Ha sido la ciudadanía más joven, al menos en la ciudad de Málaga, la que se ha inventado sus propios modos de expresión, y la que sólo así ha sabido prestar a otras generaciones mayores, anquilosadas en viajes formas pero deseosas de transformarlas, la vía que necesitaban. Sin tics izquierdistas, sin gestos militantes, sin poses revolucionarias, la ciudadana de a pie se ha visto por fin representada y, al sumarse, se ha legitimado a sí misma hasta lograr tomar el centro de su ciudad.

No hay estrategia, no hay madurez política en muchos de los discursos que se escuchan, a veces tampoco modos de organización lo suficientemente operativos. Da incluso la sensación de que ni siquiera hay referentes o memoria colectiva. Y está bien que de momento sea así, porque este es el despertar de una nueva generación que a partir de ahora los buscará, como las anteriores los encontraron en el zapatismo, en el 68, en el 36, etc. Hoy, más que nunca, los movimientos sociales han sabido permanecer en su lugar, aportando su solidez organizativa y movilizadora, pero poco más. Esta noche, mientras miles de personas gritan a la clase política que no les representa, sabemos que apenas dormiremos en los próximos días. Y, sin embargo, no queremos despertar.

Santi Fernández Patón (DRY-Málaga)

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